lunes, 16 de agosto de 2010

!Poder al Pueblo!


RECOMENDACIONES DE LA SEMANA

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Pedro J. Ramírez Perdomo
Lunes, 16 de agosto de 2.010

Muchos gobiernos en épocas distintas han tratado de darle poder al pueblo, para que ejerza la soberanía, como inherente a la condición de los grupos humanos organizados. Pero darle poder a un grupo social es darle la capacidad para sobreponerse a cualquier otro grupo social. Allí la contradicción es evidente, ya que el pueblo esta constituido por todos los legítimos habitantes de un país; ricos y pobres, oligarcas y no oligarcas, buenos y malos, lo que nos hace concluir que los grupos organizados, son en si una división de la población, que restringe el poder de ella misma. Ahora, ¿que tipo de poder se les ofrece a esos grupos? ¿Poder político o económico, personal o social? La Constitución Nacional de cada país, establece los lineamientos para los poderes públicos, de manera que no se le puede dar al pueblo en su conjunto los tradicionalmente establecidos, como los del Ejecutivo, Legislativo o Judicial. Tampoco el poder derivado de un mandato o capacidad para representar a otro. Cuando alguien alcanza la mayoría de edad, digamos a los 18 años, ya puede obtener la licencia para manejar autos y con ello alcanza un poder. Cuando se le da capacidad de decisión mediante el voto para elegir a sus representantes, se le esta dando a cada quien el Poder de elegir. Autorizarle el uso de un arma de fuego, es también darle un poder y cuando se arma a parte de la población se está creando a un pueblo en armas y su legitimidad estaría en la Fuerza Armada, lo que constituye el Poder Militar para la defensa de la Nación o digamos armar a la Policía de un Estado, para la defensa de la población. Crear leyes para que una porción de la población en determinada zona de un país, decida sobre sus bienes, su organización, sobre sus funcionarios y el funcionamiento de sus instituciones, es dividir el poder. Entregarle dinero a un hijo, para que lo utilice según su real saber y entender es darle un poder, que si no ha sido preparado, no sabrá darle buen uso. Darle dinero a un grupo de la población organizada, para que lo destine a las obras requeridas para su comunidad, sin una enseñanza y preparación previa, es darle un poder que no podrá ejercer o ejercerá ineficientemente. Cuando el Estado concede títulos de médicos, ingenieros, economistas, abogados o de cualquier otra profesión, reduciendo el número de años requeridos para una eficiente capacitación, esta dando el poder a quien no sabrá, ni podrá ejercerlo. Cuando las personas tienen capacidad para negociar, para comprar y vender, para adquirir bienes, y usan sus bienes para crear Industrias, Empresas, Fabricas, dentro de regulaciones legales, tienen Poder Económico. Pero no hay poder que se pueda usar sin la necesaria preparación, sin la debida instrucción, sin la enseñanza suficiente y sin que genere una altísima responsabilidad. Cuando el Estado da información de todas sus actividades públicas, del uso de los bienes y recursos y el pueblo puede estar bien informado, se le ha conferido un poder. ¡Darle Poder al Pueblo implica darle libertad!, no restringirla. Pero esa libertad debe estar acompañada con instrucción y preparación, puesto que el poder de la mano con la ignorancia, es un peligro. De manera que recomendamos, apoyar todas las iniciativas que conduzcan a la preparación de nuestra población, a su instrucción y educación para que ejerza el poder responsablemente.

¡De la Aristocracia a la Tirania! según Platón.


RECOMENDACIONES DE LA SEMANA

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Pedro J. Ramírez Perdomo
Lunes, 9 de agosto de 2.010

En el libro la Republica de Platón hay una descripción que revela las variadas formas de gobierno, desde uno ideal aristocrático se desciende a uno tiránico; pasando por la oligarquía, la democracia, la dictadura, para volver nuevamente al ideal. Voy a tratar de representarlo parcialmente. Imaginemos una gran Orquesta que ofrece conciertos de una musicalidad hermosa. La componen cientos de jóvenes y adultos, quienes con sus partituras, expertos en sus violas, violines y cellos, bajos y contrabajos, oboes, flautas y trompetas, platillos, tambores y campanas, son dirigidos por un gran maestro, que conoce la forma y el tiempo en que debe entrar cada instrumento, para crear la melodía perfecta. El siente intensamente las obras que con su batuta dirige y con un grupo de notables de la orquesta, contratan los conciertos y reparten las ganancias, a cada uno según su experiencia, antigüedad y maestría. Cada quien cuida su propio instrumento; años de estudios y practicas han perfeccionado su técnica. Obtienen extraordinarias y múltiples ganancias. Transcurre el tiempo y algunos miembros, reclaman para si mayores beneficios, quieren que cambie el director. Levantan sus voces y piden libertad y votaciones. Surgen los candidatos y los más populares ganan. Estos nuevos dirigentes menos experimentados, comienzan a errar en la ejecución de las obras, logrando que la belleza de las piezas musicales disminuya. Cada quien ejerciendo su libertad, hace lo que le place con su instrumento. Los ingresos se ven reducidos y los menos avanzados se empobrecen. Transcurre el tiempo y surgen reclamos y en algunos la certeza que el problema está en la forma como se reparten las ganancias, que no debe haber diferencias, que el director debe repartir los ingresos igualitariamente y que los instrumentos deben pertenecer a todos por igual. Pasa el tiempo y es el director quien posee y cuida cada instrumento, los guarda y los distribuye a los integrantes para cada obra. El pago se hace equitativo, todos cobran igual, puesto que se crea un sistema social más justo. Como en cada concierto a cada quien se le entrega cualquier instrumento, luchan por crear una buena obra, pero surgen conflictos y va desapareciendo la musicalidad. Como tienen a su cargo un instrumento que no les corresponde, dejan de tener el interés en afinar sus cuerdas o de mantenerlos en buen estado. El director exige tanto a los integrantes para ejecutar las obras que muchas cuerdas se rompen y otros ejecutantes renuncian. El siente que conspiran en su contra y para defenderse se rodea de protectores que lo cuidan. La orquesta comienza a emitir más ruidos que melodías. Con el tiempo se disuelve y luego pasada esa amarga experiencia, surge un Director más experimentado, aglutina a los mejores integrantes de su antigua orquesta, cada quien adquiere su instrumento, lo repara u obtiene uno nuevo y vuelven a sus extraordinarios conciertos. Con un coro de cientos de voces y un tanto igual de músicos, se oye nuevamente el Ave María de Schubert y una magnifica música recorre el ambiente dejando el alma embelesada con un nuevo Himno del Planeta de la Paz, que acrecienta la felicidad de los presentes. Nuevamente ha surgido la Orquesta ideal, con los mejores ejecutantes, pretendiendo demostrar en estas recomendaciones, que solo el estudio, la armonía, la inteligencia para el bien y la dirigencia de los mejores, pueden crear el gobierno ideal.